Vacas de la industria láctea

En España, en 2018, más de 840.000 vacas fueron utilizadas para producir lácteos, la gran mayoría de estas vacas viven bajo un régimen de ganadería intensiva. Viven confinadas en granjas, sin posibilidad de pastar en el exterior, son inseminadas continuamente y criadas para la alta producción de leche. Lejos de la imagen idílica de “vaca feliz” estos inteligentes y sociales animales soportan un inmenso sufrimiento en la Industria.

Como todos los mamíferos las vacas de la industria láctea deben de estar embarazadas para producir leche. Estas vacas pasan su corta vida en un ciclo continua de gestación, nacimiento y ordeño.

Casi todas las vacas utilizadas en la industria láctea son sacrificadas para consumo humano. Con un promedio de vida productiva menor a 5 años de edad las vacas, exhaustas, se consideran desechos y son enviadas al matadero para ser consumidas como carne de hamburguesa. En un entorno de santuario las vacas pueden vivir más de 20 años.

Por lo general sólo unas horas después del nacimiento, las crías son quitadas de sus madres. Los terneros sufren tanto por esta separación que pueden llegar a enfermar y no comer.

Debido a que los terneros machos no crecen para producir leche, se consideran de poco valor para el productor de leche y se venden como carne. Millones de estos terneros se crían para engordar y producir carne. Muchas personas piensan que la industria láctea no produce muerte ni sufrimiento , pero la industria láctea forma parte de la industria de la carne.

Los terneros separados de sus madres son confinados generalmente en jaulas de 3×3 metros y alimentados de forma artificial. Estos pequeños terneros, curiosos, juguetones, que han perdido a su madre no podrán tener contacto con otros semejantes y desarrollar la conducta natural de juego, curiosidad y aprendizaje.

Durante el 2018 la producción media de leche a la que es obligada a producir una vaca de la industria láctea era de 8000 a 10000 litros al año. Más del doble de la producción de una vaca 40 años antes. La explotación de las vacas para este alto nivel de producción en combinación con el daño que les producen las maquinas de ordeño tiene como consecuencia que muchas vacas sufran mastitis, una inflamación muy dolorosa de la glándula mamaria.

Argumentando que mejora la higiene algunos productores de vacas les amputan el rabo ya sea colocando una goma estranguladora hasta que el rabo cae o con un instrumento afilado. Las dos formas causan dolor crónico y pueden producir infecciones. Las vacas usan sus colas para espantar las moscas y pueden sufrir inmensamente la ausencia de su cola durante la temporada estival.

Las investigaciones han encontrado que las vacas que colapsan es porque están demasiado enfermas o lesionadas para caminar o estar de pie, conocidas como “vacas caídas” son empujadas, arrastradas y levantadas con maquinaria agrícola de forma rutinaria antes del sacrificio.

Los terneros y terneras de la industria láctea son sometidos al poco de nacer al descornado. Consiste en poner un hierro candente sobre la base del nacimiento del cuerno para evitar que el cuerno crezca y tengan cuernos. Este método que se utiliza sin ningún tipo de anestesia o analgesia es extremadamente doloroso y puede causar graves infecciones como meningitis debido al calor en el cerebro o la muerte de los terneros.

Fotos Aitor Garmendia

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